El Encuentro

Antes de irme en la camioneta del forense, me acerco a ver a Luisa; ella está fuera del auto y la están atendiendo los paramédicos. Tiene el brazo destrozado y está inconsciente. Pobre, como debe estar sufriendo.

Tuve mucha suerte, yo no sentí dolor, mi muerte fue rápida y pude ver por última vez el amanecer, tal vez el más bonito que vi en toda mi vida.

El paramédico que atiende a Luisa dice que está estable y que deben llevársela lo más rápido posible. Me inclino hacia Luisa y le susurro al oído – no te preocupes vas a estar bien amiga, nos vemos en muchos años -.

Me levanto y veo que un oficial tiene mi bolsa y la de Luisa, está hurgando en ellas. Toma mi bolsa y la voltea para que salgan todas las cosas. Parece que busca mi identificación, mientras lo hace yo tomo las llaves de mi departamento, dinero y mis tarjetas de crédito. Sí ya se que no los puedo utilizar, pero por si acaso.

Las llaves las necesito para entrar al departamento. Porque aun cuando estoy muerta, no sé si soy un fantasma o que cosa. Tampoco si puedo cruzar paredes. No vaya ser que quiera atravesar la puerta de la entrada y me dé en las narices.

Bueno, si eso pasa ni quien se dé cuenta. Pero si hay algún otro muerto por ahí y me ve como me golpeo, se va reír de mí.

Ya se van los médicos forenses, tengo que correr para que no me deje la camioneta.

Creo que puedo sentarme en una esquina, detrás del asiento del conductor. Del otro lado hay un ciclista, ¿qué hará aquí? Debe venir con el chófer.

Parece que el ciclista me está viendo. No lo creo, ninguno de los que estaban en la escena del accidente se dieron cuenta que estaba ahí. A no ser que este sea psíquico y se dé cuenta que estoy aquí.

– Hola – me dice el ciclista. Casi hace que me dé un infarto del susto. Bueno es un decir.

Vuelve a repetir – hola.

– ¿Tú me puedes ver? – Le pregunto.

– Sí claro, mi nombre es Adolfo ¿y el tuyo?

– Regina. Pero como puedes verme. Sí sabes que estoy muerta

– Sí lo sé. Yo también lo estoy -.

Que alegría sentí al encontrar alguien que esté en la misma situación que yo. Me sentí tan aliviada que lo dije en voz alta. El ciclista bajo la cabeza y se quedó muy serio. Después me contesta – alegría ¿por qué? estamos muertos -.

Bueno creo que nos podemos ayudar y hacer compañía, le digo. Pero el parece triste. Le pregunto – ¿Cuándo pasó? – Ayer cuando anda en la bicicleta. Salí hacer ejercicio, como todos los días. Pero un camión. Creo que no me vio – Lo siento mucho. Yo morí hoy cuando amanecía -.

Guardamos silencio.

Después de un rato le pregunto – ¿Por qué estás aquí?

– Me quede en este lugar después de que entregaron mi cuerpo a la morgue.

– ¿Por qué aquí? ¿No quieres ir a tu casa y ver a tu familia?

– No sé qué hacer. No me atrevo a ver a mi familia. Sabes tengo tres hijo el mayor tiene 8 años, las otras dos son niñas de 5 y 2 años. Son tan pequeños y no tengo idea de como lo van tomar -.

Llora desconsolado y dice – ignoro que va a pasar con ellos. Tú que harías -. Yo voy a ir a mi casa voy a descansar y después pasaré a casa de mis padres para saber que van hacer conmigo.

El ciclista se quedo pensativo y pregunta -, creés que deba ir y ver que hace Laura y los niños.

– Claro, tal vez de alguna forma los puedas ayudar, pero ten cuidado no los vayas a espantar.

– No lo había pensado, será cierto que los muertos nos podemos comunicar con los vivo.

– No tengo ni idea, pero tenemos que averiguarlo -. Le contesto.

Le di mi dirección para que me buscara, tal vez entre los dos podemos ayudarnos, para investigar cómo vamos a vivir de aquí en adelante. El me responde – cómo es esto de vivir, si morimos -. Le comento – seguimos existiendo y somos reales, los dos podemos vernos y conversar, así que tenemos vida, pero aunque de forma diferente -.

Me pregunta cómo puedo estar tan calmada con lo que nos estaba pasando. Claro ahorita estoy calmada, pero no me vio en la mañana. Le digo que por esta situación pasamos todos y que nosotros podemos decidir cómo enfrentarlo. Lo mejor es ver las cosas por el lado amable y no estar amargados. Además, en algún momento en el futuro, las personas que dejamos también estarán aquí y ya no estaremos solos.

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